
La primera vez que vi a mi abuelo fue también la última. Papá me llevó a conocerlo y aunque nunca lo vi en persona tenía una clara imagen de su semblante; una llamada telefónica luego de la cena, impulsó a papá a llevar a la familia hacia la ciudad blanca, nuestro destino era la casa grande ubicada entres senderos poco luminosos. Cuando por fin llegamos, me dirigí a la sala y ahí yacía él en medio de personas con rostros tenues, pero era él justo como lo soñé con un rostro sereno y amigable pero esta vez dormido.
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